Algo hacemos mal si es lo que ven en nosotros...
A veces se hace cuesta arriba el tener que aparte de tener que estar pendiente de lo que de verdad nos apasiona (al menos a mi) que es trabajar por nuestro alumnado y por encender sus llamas, te encuentras los obstáculos, que pone la política, para contentar a algunas familias. Lo peor no es que se les intente contentar con la mejora real de la calidad de la enseñanza, sino con medidas que lo único que pretenden es descargarles de la pesada carga que es hacerse cargo de sus hijos e hijas. No basta con que tengamos que enseñarles a hacer algunas cosas que a mi me enseñó mi madre y a aconsejarles en cosas para las que yo tenía a mi familia, sino que parece que lo esencial, es conseguir que el alumnado esté el máximo tiempo posible en esa guardería gratuita que se llama escuela. Pedro en una ocasión, cuando le pedía que me enseñara algo que debía terminar en casa, llorando desconsoladamente me dijo, "maestro, es que no puedo más, cuando salgo de clase voy al comedor, luego al inglés, luego a la clase de música, otros días a la piscina y otros al futbol, que además a mi no me gusta. Al final llego a casa a las ocho, ¿como voy a hacer las cosas si solo me da tiempo a cenar y a dormir?. Además ¿cuando voy a poder jugar?"
Hoy Miriam estaba triste, después de muchos días en que todo giraba en torno a Manuel, con sus escapadas y sus llantos, no había habido tiempo para más. A Miriam le han cambiado la medicación, me ha contado que es para que duerma bién y le entren ganas de comer, y no sabe por que cada cosa que pasa le hace llorar desconsoladamente. El año pasado cuando no se la daban, no podía estar sentada ni un minuto, y cuando acabó estaba contenta de poder sentarse en la silla, habiéndo aprendido a leer y escribir las letras y los números...en cambio hoy no quiere o no tiene fuerzas para luchar contra su hiperactividad, a favor de sus relaciones en clase, para enfrentarse al mundo y a los obstáculos, a los que se había acostumbrado a pasar por encima sin hacer ruido. Y nosotros mientras tanto pendientes de Manuel.
Los mejores maestros y maestras, según mi parecer son aquellos que no dejan pasar un dia sin aprender, los que tienen grandes orejas y ojos, así como una maquina de grabación en el cerebro.
Ayer aprendí de Ángela, de lo que es tener voluntad y de lo ciegos que estamos algunas veces. Es disléxica, y sufre, según dicen los expertos, de dispedagogía, es decir, que en su clase el que no pilla el ritmo está frito y este es su caso. Me decían que tiene un gran problema para la estructuración espacial, me contaba su madre, que le pusieron en matemáticas que hiciera una lámina sobre perpendiculares, y que como no le salía la repitió diez veces hasta que estuvo satisfecha con el resultado. No sale por las tardes porque tiene, porque ella así lo quiere, una profesora de apoyo, aparte de estar asistiendo a un programa de acompañamiento del colegio. Espero convencerme de una vez, y que muchos y muchas nos demos cuenta como dice la canción que "cada cual es cada quién" y que como tales tratemos a nuestros alumnos y nuestras alumnas.
